31 de enero de 2016

EL GRAN PELIGRO DE LA SOBREPROTECCIÓN


La sobreprotección se suele definir como “cuidar en exceso”. Se mantiene el instinto de resguardo de los primeros meses de vida, y no se acepta que las criaturas van creciendo y tienen que aprender a resolver sus necesidades.

El término “sobreprotección” es engañador, ya que muchos papás están convencidos de que impidiendo a sus pequeños frustraciones, penas, enfermedades o problemas, se les está cuidando mejor.

Los padres sobreprotectores son aquellos que se sienten totalmente responsables de lo que le pueda ocurrir a su hijo/a. Están constantemente pendientes de sus movimientos. 

Cuando el niño es todavía un bebé, está totalmente pendiente de si el niño tiene hambre o sed o sueño o… y procura anticiparse a las necesidades que percibe o cree que tiene su hijo. Cuando el niño está probando sus primeros pasos, va continuamente agarrándole, avisándole de todos los peligros de forma incluso alarmista, y constante, retrasando muchas veces que el niño siga probando y reforzando el aprendizaje cómo se dan esos primeros pasitos. 

Cuando el niño empieza a ir a la escuela, están continuamente avisándoles de todos los posibles peligros existentes y de más, les acompañan a todo lo que pueden, son ellos los que resuelven los problemas de sus hijos (ej. si el niño ha tenido un problema con otro compañero, es la madre/padre quien le resuelve el problema, sin dejar que el niño se enfrente a las consecuencias de sus actos, o sin facilitarle que desde pequeño empiece a resolver sus propios problemas). 

Y cuando los hijos llegan a la adolescencia, continúan intentando controlar todos sus comportamientos, sus entradas y salidas, que hacen y qué no hacen,… limitando a veces tantísimo su libertad que estos chavales se pueden considerar totalmente diferentes a sus amigos. Pueden imponerles una hora demasiado temprana, para evitar el peligro de la noche; pueden impedirles que vayan a excursiones; pueden prohibirles que salgan a un sitio donde van todos sus amigos, y que está probado que es bastante seguro; y, lo que es peor, pueden inculcarles a sus hijos esa excesiva prudencia que, muchas veces, les lleva a tener muchos prejuicios y les lleva también a no disfrutar muchas cosas de la vida por haber desarrollado también ese miedo, etc.


Características de los progenitores que custodian exageradamente a sus retoños:

Sienten que deben controlar las amistades de sus hijos y les prohíben que se junten con niños que no les gusten.

Ponen límites rígidos hacia afuera, pero tienen dificultades para establecerlos dentro de la familia. El padre y la madre gradualmente se vencen ante los hijos, ya que no mantienen la firmeza necesaria para establecer reglas. Como no hacen uso de su autoridad positiva, la van perdiendo, al final el niño se toma el poder y se convierte en el “rey de la casa”.

Sólo se sienten tranquilos cuando sus hijos están bajo su mirada.

Les preocupan situaciones como: que no pasen hambre, sed, que no se caigan, que no tengan conflictos con sus compañeros etc. Es decir, hacen lo imposible para que no vivan malas experiencias.

Se sienten más ansiosos que sus pequeños cuando algo anda mal.

Los hostigan dándoles instrucciones constantemente. Hay una necesidad de controlar al menor en todo momento.

Limitan la exploración del mundo por parte de sus hijos, por miedo a que se hagan daño con algo de su entorno.

Descartan actividades que tengan una posibilidad remota y mínima de terminar en accidente. Llegan al extremo de pensar que sus niños no pueden cruzar una calle sin que los atropellen o que no puedan salir sin ellos sin que les pase algo.

Algunas posibles consecuencias de la sobreprotección son las siguientes:

- Bajo concepto de sí mismo/a. Durante años este niño/a no ha podido poner a prueba su competencia personal, sus habilidades. A este chico/a le falta la valoración positiva externa de sus comportamientos y decisiones; pero también le falta la autovaloración sobre estos comportamientos y decisiones, aspecto fundamental para poder desarrollar un autoconcepto y una autoestima sana.

- Retrasos o dificultades en el aprendizaje y puesta en práctica de habilidades sociales. Muchas veces estos chavales tienen dificultades para entablar o mantener relaciones. A veces son niños muy tímidos, que les cuesta iniciar conversaciones, que les cuesta integrarse en grupos, que en seguida que algo no sale como les gustaría se sienten mal y prefieren retirarse. La consecuencia es el no aprendizaje de habilidades de solución de problemas, algo necesario para las relaciones personales. Tienen la sensación de no tener apenas buenos amigos, se pueden llevar muchas decepciones con los amigos, y no saben exactamente por qué. Muchas veces piensan que hay algo malo en ellos. Y eso les lleva a pensar más en negativo de sí mismos, es decir, a disminuir aún más su dañada autoestima.

- Dificultad para tomar decisiones por sí mismo/a. Estos chicos/as se convierten en personas muy dubitativas a la hora de tomar decisiones. Algunas decisiones que pueden ser triviales para otras personas para ellos pueden llegar a ser muy angustiosas. Se sienten inseguros sobre si van a tomar o no la decisión correcta. Se sienten inseguros sobre las repercusiones que podrá tener una determinada decisión. 

- Búsqueda de seguridad en otros. Como han aprendido a que otros les resuelvan los problemas, y muestran muchas dificultades para tomar decisiones y pasar a la acción, tienden a apoyarse en los demás, para que tomen decisiones por ellos. Pueden mantener relaciones con personas que no le están aportando nada, o que incluso son relaciones dañinas, porque tienen la sensación de que les solucionan muchas cosas, se sienten protegidos con esa persona. Cuando llegan a la vida adulta y buscan pareja, pueden caer fácilmente en relaciones donde predomine la dependencia emocional, ya que necesitan que alguien les guíe y les apoye. Esto les lleva a no buscar su felicidad, sino sólo esa supuesta seguridad que le aporta la otra persona. 

- “Tiran pronto la toalla”, tienen una tendencia al pensamiento negativo. Son personas que suelen darse pronto por vencidas. Ante una dificultad que no saben como enfrentar, prefieren no enfrentarse, dejarla pasar de largo, evitarla, que ponerse manos a la obra y ver posibles soluciones. Se sienten incapaces de hacer algo y, a la vez, tienen miedo a equivocarse, por lo que muchas veces ni siquiera lo intentan, y así evitan fallar. Su pensamiento es negativo respecto a las propias capacidades de solucionar esos problemas. Volvemos de nuevo a alimentar esa autoestima negativa.

- Relaciones difíciles con los padres. Según van creciendo, pueden haber desarrollado mucha rabia contra los padres, porque van viendo sus dificultades a la hora de enfrentarse a problemas, y pueden echarles la culpa a ellos. Además, los padres pueden haber cortado mucho la libertad de esta persona en su desarrollo, haciendo que dejara de hacer cosas porque podía ser peligroso, quizá cosas habituales en otros chavales de su edad. Debido a ello, las discusiones con los padres pueden ser frecuentes, la culpabilización hacia ellos puede ser la norma general. Esta culpabilización a su vez lo que está haciendo es que al culpar a otros de los propios problemas, no le está permitiendo a la persona fijarse en lo que puede hacer para sí misma, para mejorar.



En muchos casos, las personas que han tenido en su infancia/adolescencia esta sobreprotección paterna/materna son personas que sufren mucho porque se sienten inseguros y desprotegidos en su vida. Y en la vida adulta no saben cómo encauzar su vida. A lo largo de los años no han aprendido cómo solucionar sus problemas, y tienen que aprenderlo de mayores, añadiendo además que ya han pasado una serie de experiencias negativas de las que mayormente se han culpado a sí mismos, a algo que está mal en ellos.

Es curioso comprobar que cada vez existen más familias que eligen este estilo educativo. Se tiene menos tiempo pero, en cambio, cada vez se protege más a los niños ¿será que queremos suplir nuestra falta de tiempo? ¿Existe cierto grado de culpabilidad? ¿O esa falta de tiempo nos hace más inseguros y como consecuencia más sobreprotectores?

En otras ocasiones, la sobreprotección es resultado de una enfermedad. A los niños con ciertas necesidades médicas se les ve más indefensos y a su vez requieren de mayor atención, pero no para todo, aunque los padres así lo crean.

Otros muchos, no han tenido la suerte de tener el cariño que necesitaban y quieren evitar que sus hijos pasen por ello. O por el contrario, han sido educados en ese estilo de sobreprotección y al ser lo que conocen es lo que transmiten.

La mayoría de estas familias no son conscientes de estar llevando este estilo educativo. Piensan que están haciéndolo lo mejor posible y, efectivamente, se esfuerzan al máximo porque sus hijos sean felices.

Comprueba si eres capaz de mantener un equilibrio adecuado entre la protección y la permisividad, o eres demasiado sobreprotector con tus hijos.

Contesta a las preguntas de este test.

1. ¿Quién es la persona encargada de dar el “visto bueno” a las tareas o decisiones de tu hijo?
a. Él mismo y, si necesita mi ayuda, puede contar con ella.
b. Yo.
c. Él mismo en colaboración conmigo.

2. ¿Cuándo alguien pregunta a mi hijo…?
a. Contesto yo por él para que todo quede bien claro.
b. Contesta él mismo.
c. Contesta él mismo, pero yo lo aclaro.

3. Cuando algún otro niño molesta a mi hijo en el parque, escuela, etcétera
a. Puede contar con mi apoyo, pero debe defenderse él mismo.
b. Le digo lo que tiene que decir, y a veces intervengo o pongo mala cara.
c. Intervengo directamente para defenderlo.

4. ¿Quién se encarga de los cuidados personales de tu hijo (bañarse, comer, peinarse, recoger su ropa…)?
a. Él y, si no ha adquirido todavía la habilidad, le ayudo para enseñarle.
b. Yo; él no sabe.
c. Muchas veces yo.

5. Siento que la responsabilidad de todo lo que acontece a mi hijo
a. Es mía (especialmente si es pequeño), y de él (especialmente si es mayor).
b. Es solo mía.
c. Es en gran parte mía.

6. En lo que respecta a las tareas escolares de mi hijo
a. Las hace él.
b. Me tengo que poner yo para que las haga.
c. Muchas veces se las hago yo directamente, porque no las hace como yo quiero.

7. Cuando mi hijo me pide salir con amigos de su edad
a. No le dejo si no les conozco, o hablo con sus padres antes.
b. Le dejo, pero preocupado porque prefiero verlos antes.
c. Le dejo si no hay problema para ello.

8. Cuando trato de proteger a mi hijo
a. Le digo que cuente con mi ayuda si la necesita.
b. Le digo que preste atención por si las cosas van mal.
c. Le cuento todo lo malo que puede ocurrirle si no me hace caso.

9. De cara a los demás, si mi hijo comete un error…
a. Lo cuento si no me queda más remedio.
b. Si surge lo cuento; debe asumirlo.
c. Lo oculto, o lo niego si se dan cuenta.

10. Cuando otro adulto corrige a mi hijo
a. Me molesta porque su madre/padre soy yo.
b. No me gusta mucho que lo hagan, pues no le conocen bien.
c. Si se ha confundido, está bien hecho.

11. ¿Con qué frecuencia crees que tomas decisiones por tu hijo que él mismo podría haber decidido por sí mismo?
a. Pocas veces.
b. Prácticamente a diario.
c. En varias ocasiones.

12. ¿Con qué frecuencia le dices a tu hijo eso de “tú aún eres pequeño/joven… hazme caso a mí”?
a. Bastantes veces.
b. Nunca.
c. Alguna vez

Claves y resultados del test de sobreprotección de los hijos

Suma todas las puntuaciones obtenidas en el test anterior de sobreprotección paterna, y consulta la interpretación asociada a tu resultado:

1. a= 0 b=2 c=1
2. a= 2 b=0 c=1
3. a= 0 b=1 c=2
4. a= 0 b=2 c=1
5. a= 0 b=2 c=1
6. a= 0 b=1 c=2
7. a= 2 b=1 c=0
8. a= 0 b=1 c=2
9. a= 1 b=0 c=2
10. a= 2 b=1 c=0
11. a= 0 b=2 c=1
12. a= 2 b=0 c=1

Claves y resultados del test de sobreprotección de los hijos


0-8 puntos (Permisivo)
Eres bastante flexible en la educación de tu hijo, así como a la hora de darle autonomía. Esto está bien, pues le ayudarás a crecer y a confiar en sí mismo, pero no te alejes demasiado para que no corra riesgos ni se sienta solo.

8-16 puntos (Algo sobreprotector)


Tienes bien nivelado tu grado de sobreprotección y permisividad en la educación de tu hijo aunque, cuanto más altas sean tus puntuaciones dentro de este intervalo, más destacas por lo segundo. Intenta no agobiarle con tus propios agobios, ni transmitirle tus miedos.

16-24 puntos (Muy sobreprotector)

Te sientes completamente responsable, no solo de la educación, sino también de la vida de tu hijo. Debo decirte que no puedes controlarlo todo, y habrá peligros y problemas quieras o no. Controla primero tus miedos y conflictos para no transmitírselos a tu hijo.


Bibliografía:

www.almabelpsicologia.com

María Campo – Directora de Escuelas Infantiles Kimba - Vitoria.

Francisca Carrasco: Psicóloga, Diplomada en Terapia Gestalt Infantojuvenil

www.webconsultas.com

17 de enero de 2016

EL ELOGIO, LA INTELIGENCIA Y EL ESFUERZO


Elogiar, reforzar positivamente, alabar los logros de los niños actualmente nos parece lo correcto, sobre todo en contraposición con épocas pasadas en las que la infancia no era merecedora de tanta atención. Y quizá en la mente de muchos padres, madres o profesores esté ya instalada la idea de que cuanto más, mejor. Cierto instinto, o el sentido común, nos sopla al oído que el elogio es bueno para su autoestima (¡palabra mágica!) y su seguridad futura. Además, en cuanto aparece un psicólogo, experto en infancia o pedagogo en los medios, es raro que las palabras “refuerzo”, “motivación” o “puntos positivos” no salgan de su boca.

Pero si nos detenemos un segundo a reflexionar sobre ello, hay unos matices que a primera vista se nos pueden escapar. ¿Son todos los elogios válidos? ¿Son todos necesarios, y a todas horas, o de cualquier forma? Quizá el recompensar el esfuerzo antes que el logro, la voluntad frente al resultado, sea más eficaz a largo plazo. Valorar el trabajo ante un problema de Matemáticas o ante una actividad compleja de Ciencias puede ser más enriquecedor que reducirlo todo a un piropo al finalizar la tarea.

Ese valor, el valor del esfuerzo -desdibujado en una sociedad que busca la inmediatez, el fin sin importar mucho los medios- es una herramienta muy útil no ya para la vida académica sino para la vida en general. Pensemos, por ejemplo, en la insistencia, casi cabezonería, que se ve en los más pequeños (de uno o dos años): a la hora de aprender a andar, a manipular, a usar ciertos juguetes, su aprendizaje es un continuo ensayo/error sin tiempo para rendirse. Caerse mil veces y levantarse otras tantas sin pestañear. Cientos de intentos antes de chutar correctamente una pelota. ¿Alguien ha aprendido a montar en bicicleta a la primera y sin un solo golpe? No, todos hemos necesitado unas cuantas caídas antes de controlar correctamente el manillar.


Pero con el tiempo, esa fuerza de voluntad parece debilitarse: hay niños/as de nueve o diez años que prácticamente ya han tirado la toalla en alguna asignatura o disciplina, ya sea deportiva o artística. Ante las primeras dificultades se crea la noción de “no se me da bien”, y muchas veces los pequeños encuentran refuerzo en su entorno: “a mí tampoco se me daban bien de pequeña”, “tu padre también era un negado, no te preocupes…”

Esa aceptación de que no soy bueno en X y creer que ya no se puede mejorar (¡con nueve años!) es la idea a desterrar. Salir de la imagen mental de que no se tiene habilidad ninguna para el dibujo, o para el idioma, o las matemáticas, o el fútbol y, sobre todo, de que es imposible avanzar. ¿Cómo no va a ser posible desarrollar nuevas (o mejores) habilidades con nueve o diez años? Sí, es posible, y el empujón necesario se llama esfuerzo y fuerza de voluntad, no inteligencia.

Este cambio de mentalidad, digamos que el paso de una mente abierta, voluntariosa, que se da en las primeras etapas de la vida, a la idea cerrada que niega cualquier evolución en edades posteriores viene muchas veces reforzada, como hemos dicho, por el entorno: padres, madres, familiares y maestros tendemos a poner en un pedestal la inteligencia y los talentos digamos naturales o innatos. Le damos a la inteligencia el valor y el peso de un bloque de hormigón, estático e inamovible. Fomentamos la competitividad y ensalzamos el resultado frente al proceso. Nos saltamos muchas veces el reconocimiento a los pequeños logros diarios, al avance paulatino porque es mucho menos llamativo.


El elogio incesante, usado para reforzar una conducta adecuada, puede resultar contraproducente si se centra precisamente en la inteligencia o, en términos coloquiales, en lo listo que es. Si ante la resolución de una cuenta de multiplicar le decimos a Susanita “¡qué lista eres!”, “¡eres muy inteligente!”, esa bienintencionada alabanza a la larga puede acabar creando cierto temor a que el error lleve a no ser tan lista. El día que me equivoque dejaré de serlo. Subyace la idea de que los demás me aprecian por lo que soy (lista), no por lo que hago (esfuerzo). Por lógica pura, acabaremos evitando las tareas en las que los aciertos no estén garantizados a la primera de cambio, no vayan a pensar que soy tonto. Y dedicándonos sólo a lo que nos sale bien, a lo que no implica ningún riesgo, las estrategias de aprendizaje mueren de inanición. El horizonte de nuestras habilidades se estrecha drásticamente.


De hecho, el elogio en ocasiones está tan instaurado que algunos niños/as viven en él de forma continua desde muy pequeños, como una especie de exorcismo frente a estilos educativos anteriores que escatimaban todo. De regatear hasta las más mínimas muestras de cariño o reconocimiento se ha pasado, en contados casos, a aplaudir absolutamente todo lo que hacen los pequeños. Sin embargo, a nadie se le escapa que estar escuchando a todas horas y por cualquier causa halagos exagerados consigue que éstos, cuando menos, pierdan su eficacia e interés.

En el ejemplo de la niña que resuelve bien la multiplicación o el problema matemático, el maestro o progenitor debería pedirle que le explique cómo lo ha conseguido y centrarse en reconocer el mérito del proceso, o intentar que lo aplique en otras cuentas, incluso si el resultado no es el correcto. Crear una resistencia a la frustración, valorar el esfuerzo aunque no se logren aciertos es una herramienta mucho más útil en la vida, a largo plazo, que  pensar que uno es listísimo o que hay que fingir serlo. Porque ensalzar la inteligencia por delante del trabajo suele dejar una víctima por el camino: la motivación. Si la inteligencia es una especie de don inalterable que nace con uno, ¿para qué me voy a molestar en esforzarme?


“He fallado más de 9000 tiros a canasta. He perdido unos trescientos partidos. 26 veces esperaban de mí que encestara en el último minuto para ganar y no fue así. He fracasado una y otra vez en mi vida, y por eso he tenido éxito”. Michael Jordan.  

·    En lugar de “qué listo/a eres”, “qué bueno/a eres”, que suena absolutamente genérico, es preferible concretar las alabanzas y dotarlas de cierta personalización: “me gusta cómo has hecho este problema”, “me encanta verte jugar al baloncesto con tantas ganas”, “los deberes eran largos y me alegra ver que has estado muy concentrado y los has acabado”.

     Ante posibles dificultades, proponer vías de salida: “si dedicas media hora todos los días a estudiar ciencias, en cuatro días puedes tener preparado el examen. Yo puedo preguntarte/ayudarte también”.

·   Evitar las comparaciones con otros niños y la alabanza continua de la inteligencia. Recibir halagos de ese tipo es posible que cree temor ante el fracaso; ser muy listo es una etiqueta que nadie quiere perder. Es preferible elogiar sus estrategias (“Ya veo que has encontrado la manera de hacerlo”), el trabajo concreto (“esa lámina de dibujo te ha quedado muy bien por los colores que has usado”) y, sobre todo, el esfuerzo (“se nota que has estado estudiando/entrenando/practicando mucho”).


29 de noviembre de 2015

¿CÓMO HACER BIEN LA CARTA A LOS REYES MAGOS?


El Juego y el desarrollo infantil:

El juego es una actividad presente en todos los seres humanos, habitualmente se asocia a la infancia pero se manifiesta a lo largo de toda la vida del hombre, incluso hasta en la ancianidad.

El juego se convierte en un proceso de descubrimiento de la realidad exterior a través del cual el niño/a va formando y reestructurando progresivamente sus conceptos sobre el mundo. El juego es de vital importancia ya que a través de él se transmiten valores,normas de conducta, se resuelven conflictos, se educan y desarrollan muchas facetas de la personalidad.

Algunos pensadores clásicos como Platón y Aristóteles ya daban una gran importancia al aprender jugando y animaban a los padres para que dieran a sus hijos juguetes que “ayudaran a formar sus mentes” para actividades futuras como adultos.

A través del juego el niño/a irá descubriendo y conociendo el placer de hacer cosas y estar con otros. Es uno de los medios más importantes que tiene par expresar sus más variados sentimientos, intereses y aficiones; no olvidemos que el juego es uno de los primeros lenguajes del niño/a , una de sus formas de expresión más natural.

Está vinculado a la creatividad, la solución de problemas, el desarrollo del lenguaje o de papeles sociales. Tiene entre otras una clara función educativa en cuanto que ayuda al niño/a a desarrollar sus capacidades motoras, mentales, sociales, afectivas y emocionales, además de estimular interés y su espíritu de observación y exploración para conocer lo que le rodea.

En general proporciona experiencias que le enseñan a vivir en sociedad, a conocer sus limitaciones y posibilidades, a crecer y a madurar.

El juguete:


Es uno de los primeros modos de relación del ser humano con los objetos. Es cualquier objeto o material que el niño/a utiliza en sus juegos, por ejemplo una hoja, un palo, una caja…

Cualquier objeto le puede servir para realizar infinidad de juegos de acuerdo a sus necesidades y a su etapa del desarrollo.

Con esto no se pretende quitar la importancia que tiene el juguete fabricado, sino hacer notar que el niño/a no necesita disponer de juguetes perfectos, sino que habrá que dejarle espacio y posibilidad para crear y disfrutar con sus propios juegos, ejercitando su imaginación y fantasía.

Condiciones generales que deben reunir los juguetes:
Todos los buenos juguetes son educativos en la medida en que cumpliendo las siguientes características inviten, estimulen y diversifiquen el juego como actividad.
*  Ser seguros.
*  Estimulen el juego
*  Facilitar el desarrollo de las habilidades y destrezas básicas.
*  Favorecer la imaginación y creatividad.
*  Favorecer la participación.
*  Deben de ser de alta calidad de los materiales, confección, solidez, ausencia de peligro y toxicidad.
*  Ser simples y atractivos estéticamente.
*  Deben de adaptarse al niño/a y a sus necesidades, a su nivel de desarrollo.
Los juguetes preferidos son los más polivalentes, los que permitan la ejecución de múltiples posibilidades, los que disponen de accesorios y complementos para hacer más variada la actividad lúdica.

Educación para la igualdad:


Carritos de muñecas y cocinitas para ellas, coches y juegos de construcción para ellos. Actualmente es habitual que las mujeres conduzcan, y en muchos hogares las tareas de la casa se reparten entre todos los miembros de la familia, pero los anuncios de juguetes siguen asociando cada actividad a un género. Los autores del nuevo estudio, de las universidades Rey Juan Carlos (Madrid) y Católica San Antonio (Murcia), han analizado el contenido de 595 anuncios emitidos durante las campañas de Navidad de los años 2009, 2010 y 2011 en los principales canales de televisión de nuestro país.

Los resultados indicaron que en la mayor parte de la publicidad, los coches y personajes de acción se asocian al sexo masculino, junto a valores como la competición, el individualismo, el poder y la fuerza. Sin embargo, la figura femenina se relaciona con la belleza y la maternidad que refleja la publicidad de muñecas y accesorios. Además, mientras que a los niños se les ofrecen más juguetes que fomentan las habilidades espaciales, a las niñas se les proponen muñecas y juegos educativos.

Las voces en off de los anuncios también contribuyen a la segregación por géneros: Las voces femeninas predominan en los anuncios en los que aparecen niñas, las masculinas en las que aparecen niños, y las masculinas en los casos en los que aparecen ambos géneros representados, explica Esther Martínez, una de las autoras del trabajo.

Tanto el Código de Autorregulación de la Publicidad Infantil de Juguetes como el Código de Autorregulación de Contenidos Televisivos e Infancia y las Leyes Generales de Comunicación Audiovisual y Publicidad dicen que hay que evitar las diferencias de género, que se valore más uno que otro, o que un juguete esté más vinculado con uno de ellos”, indica Martínez. En ese sentido, en los anuncios debería mostrarse tanto a niños como a niñas divirtiéndose con el juguete en cuestión, ya fuera una familia de muñecas como una maqueta de avión. De esta forma, los menores podrían escoger libremente los juguetes que más les llamasen la atención, sin la preocupación de esto es de niñas” o viceversa.

Por otro lado, la investigadora argumenta que la publicidad es un reflejo de la sociedad y la cultura popular: Por poner en un anuncio un niño con muñecas no vamos a lograr que los niños que lo vean se sientan identificados”.

Educación para el consumo:


El juguete es un producto de la sociedad en la que se enmarca, puesto que perpetúa valores y modelos sociales; pero no sólo el juguete en sí sino también el uso que los adultos le damos.

La forma de utilizarlo potencia y favorece determinadas actitudes y la transmisión de valores sociales a los pequeños/as.

Parece ser que se quiere más al niño/a por comprar más cantidad de juguetes o cuánto más afecto le profesamos más grande es el juguete y además, cuando nos lo queremos ganar también utilizamos el juguete como mecanismo de compensación afectiva.
Los juguetes han de restringirse en cantidad y optar por la calidad. Con pocos y ordenados el niño/a juega más y mejor.

Además como consumidores debemos estar al corriente de las garantías que ofrecen (mínimo deben ofrecer 6 meses de garantía), y saber que podemos reclamar si hay problemas mediante hoja de reclamación y/o acudir a la Asociación de Consumidores y Usuarios.

Los juguetes más adecuados según la edad:

Es fundamental garantizar la adecuación entre la edad de los usuarios/as y el juguete. El concepto edad equivale al de la capacidad que el niño/a tiene de disfrutar y ser feliz con el juguete y equivale a que no sea demasiado complicado para sus posibilidades ni demasiado fácil porque se aburre y deja de interesarle.

Esta es una orientación más para ayudar a elegir el juguete más adecuado, clasificado dentro de las características generales que se muestran comunes en la mayoría d los niños/as según la edad; además ha de tenerse en cuenta, por supuesto, los gustos y características de personalidad del niño/a.

De 3-4 años:

A los tres años nuestro pequeño va evolucionando poco a poco, y para comprobarlo simplemente tenemos que pararnos a observarle: cuando está en contacto con otros niños de su misma edad, podemos verlo realizando juegos de grupo. Es típico de esta edad el inicio del juego grupal: jugar a papás y mamás, a las construcciones en el arenero del parque

A nivel motor el niño se encuentra en proceso de mejora de la motricidad motora gruesa: marcha (por ejemplo, caminar con los talones), equilibrio (mantenerse a la pata coja), carrera (correr ágilmente, sorteando obstáculos y esquinas) o salto (a lo largo y a lo alto).
Su motricidad fina aún continua algo inmadura, por lo que es recomendable su estimulación (en el ámbito familiar y escolar) para el uso de los lápices, pinceles, tijeras, etc., para que así el niño vaya ganando en precisión.

A nivel cognitivo vemos como es capaz de realizar razonamientos básicos, su coordinación óculo-manual poco a poco va madurando, al igual que los niveles perceptivos de forma (construcciones, puzzles), color y tamaño (grande-mediano-pequeño, alto-bajo, grueso-delgado…).

Su orientación espacial y temporal también va desarrollándose a lo largo de este rango de edad, junto a las habilidades lógico-matemáticas (agrupaciones, seriaciones). Su capacidad de memoria y asociación van madurando a la vez que su esquema corporal.
A nivel de lenguaje también va desarrollándose acorde a la edad: su repertorio de fonemas va aumentando, al igual que la complejidad de sus frases (en vocabulario, unión de frases, significados). Esto hará que se vaya preparando poco a poco para la pre-lectura y la pre-escritura.

Finalmente, a nivel social también se notan algunos avances: muestra sentimientos de gratitud, simpatía y comprensión, usar diversas formas de cortesía, aparece la rivalidad en los juegos, mayor autonomía a la hora de la comida, vestido y desvestido, e higiene.

Por todo ello, a la hora de seleccionar el juguete más adecuado, debemos considerar los aspectos básicos que venimos recordando desde hace varios días: seguridad, adecuación a la edad y, sin olvidarnos nunca de los gustos e intereses de nuestro hijo y de las necesidades evolutivas.

Los juguetes recomendados a esta edad:
*Triciclos y bicicletas adaptadas.
*  Banco de carpintero.
*  Casita de tela.
*  Trenes, coches, camiones..
*  Coches de pedales.
*  Juguetes y muñecos para para montar-desmontar, que simulen acciones, con accesorios como vestidos con botones grandes y corchetes..
*  Títeres, cacharreros de limpieza, cocinilla y utensilios de diferentes oficios.
*  Pizarras.
*  Disfraces
*  Cuentos con historias cortas y dibujos.
* Puzzles fáciles, ensartables, lápices de colores y ceras, plastifica con o sin moldes, juguetes para hacer burbujas.
*  Inicio en juegos más tranquilos donde se deba cumple un objetivo (pescar un patito, coger ropa a un personaje…)
*  Dominó de colores y formas.

De 4-5 años:


Respecto a la motricidad gruesa, ya corren y saltan con agilidad y controlan mejor sus movimientos, lo cual hará que estén preparados para otro tipo de juegos y juguetes.

A esta edad, los niños siguen preguntando muchísimo, interesándose por todo lo que sucede a su alrededor, se aprenden canciones y hacen juegos conjuntos con sus amigos y amigas, al tiempo que ya conocen letras, números y conceptos más complejos que en etapas anteriores.

Los juguetes que favorecen esta etapa de sus desarrollo:
* Bicicletas.
* Dianas con velcro, juego de tenis con pelota sujeta a una goma y otros juegos de deportes adaptados.
* Disfraces y juguetes de oficios y actividades de adultos como caja de herramientas, maletas de médico,..
*  Juegos de construcciones, rompecabezas, pizarra, pinturas, pinceles, acuarelas…
* Libros para colorear y de pegatinas, cartones para coser con lanas, plantillas de figuras para dibujar, hacer burbujas…
*Juguetes y muñecos para montar y desmontar, casas de muñecos, juguetes que desarrollan el juego simbólico como en la edad anterior como cocinillas, tiendas…
*  Trenes con vías y juegos de organizar: casas, pueblos, garajes, ciudades…
* Caleidoscopio, juegos de memoria visual, dominó de colores y formas sencillas.
* Juegos de mesa competitivos: parchis, oca, inicio en juegos de cartas…
* Juegos de habilidad como colocar objetos en el juguete sin que se caigan, meter piezas en ranuras con cuidado, etc..

De 5-6 años:


Los niños de esta edad dominan bastante sus habilidades físicas y las van poniendo a prueba con nuevos retos que van imaginando tanto en casa como en la calle y el parque. Son niños que tienen una habilidad comunicativa evidente y que tienen curiosidad por muchas cosas, preguntando a los padres constantemente todo aquello que desconocen.

Disfrutan jugando con otros niños y con papá y mamá, aunque algunos no llevan demasiado bien, todavía, eso de perder y aceptar la derrota, les gusta bailar y cantar y en consecuencia la música y las canciones, que son capaces de aprender casi con más rapidez que nosotros los adultos y disfrutan escuchando historias y cuentos más elaborados que cuando eran pequeños y representando también dichas historias o aquellas que sean capaces de imaginar.

¿Qué sería interesante potenciar en los niños de 5 a 6 años?:
Sabiendo esto sería interesante poder ofrecer a los niños juguetes que les ayuden a mejorar su memoria, a afianzar sus habilidades motrices, juguetes que estimulen el lenguaje, tanto la comprensión y expresión oral como la comprensión de la escritura, con los que puedan experimentar con el modelado de materiales, para que conozcan cómo algo puede cambiar de forma en el espacio, que les ayuden a desarrollar la imaginación, a estimular también la psicomotricidad fina y que fomenten la capacidad de socialización del niño.

*  Accesorios deportivos: balones, raquetas, canastas, cuerdas para saltar..
*  Circuitos de canicas o similares, juegos de tricotar.
*  Arquitectura de piezas pequeñas , construcciones de casas y castillos.
*  Cocinillas y vajillas infantiles, mecanos de piezas grandes.
*  Vehículos en miniatura, garajes teledirigidos, juego de autopista con accesorios, trenes confías.
* Recortables, lápices, rotuladores…libros de actividades infantiles adaptadas a su nivel, plantillas y moldes para dibujar y modelar.
*  Muñecos articulados y complementos, títeres..
*  Disfraces y cajas de maquillaje
*  Juegos de accesorios de exploradores, microscopio infantil.
*  Libros, cuentos, rompecabezas, juegos de memoria visual, dominó de imágenes, juegos de números y asociaciones, juegos de mesa…

Si se seleccionan juguetes electrónicos “de moda”, hay que pensar que como mínimo deben saber leer para poder utilizarlos adecuadamente.

De 6 a 9 años:


A partir de los 6 años, y casi hasta los 9, es la edad de la fuerza. Necesitan competir  con sus iguales para averiguar su propio valor.

Todos los artículos utilizados para el ejercicio físico le ayudarán a liberar su tensión.

También son juguetes muy adecuados para esta edad aquellos que favorecen la habilidad, la atención y capacidad creadora, destreza, imaginación y sobre todo, la afirmación individual.

También les divierten los juegos con los demás (con terceras personas) en los que hay que cumplir unas reglas

A esta edad los niños se hacen mayores. Hablan y se expresan con cierta soltura. Son capaces de escuchar y explicar como se sienten. Aumentan mucho su curiosidad y entran en una etapa que les permite ser capaces de leer, dibujar de manera sencilla, escribir, sumar, restar

De hecho, empiezan a adquirir sus pequeñas responsabilidades (lavarse los dientes, vestirse). Es más, la memoria  y la capacidad de atención  son bastante mayores,  son capaces de hablar con con uidez, de leer y escribir cosas sencillas.

En este sentido, parecen más independiente,  pero aun así, precisan ayuda de los adultos para poder tomar decisiones y que su vida lleve un orden.

Además, continúa disfrutando de las actividades lúdicas y los juguetes simbólicos y de movimiento aún les gustan y son importantes. No obstante,  en esta época incrementan mucho su interés por los los juegos de manualidades, de reglas, de construcciones y por los videojuegos.

En general, crean mundos en su imaginación y hacen actividades en grupo con otros amigos.

Conseguiremos que mejoren facilitándoles situaciones y juguetes que permitan:

- Aprender a dialogar, negociar y debatir.
Tienen que habituarse a dialogar, llegar a acuerdos  y resolver conflictos con sus semejantes. Los juguetes de roles e imitación y los juegos de mesa favorecen la comunicación, el diálogo, la empatía…

- Consolidar conceptos.
Es la edad para consolidar conceptos tanto en ellos mismos como en otras personas. Conceptos como izquierda-derecha, arriba-abajo, enfrente-detrás…

- Estimular la creatividad y la imaginación.
En esta edad son muy creativos e imaginativos y sus historias tienen todo tipo de detalles.
- Adquirir habilidades para cooperar, competir y saber perder.
Los juegos colectivos son realmente buenos para desarrollar este tipo de  habilidades.

- Mejorar la motricidad fina.
A esta edad la habilidad y precisión que tienen con las manos mejoran muchísimo.  Los juguetes deben permitirles mejorar la fuerza y la coordinación de manos y dedos.

- El ejercicio físico.
Tienen muy desarrollada su actividad motora y la coordinación de su cuerpo.
Hay juguetes y juegos que favorecen mucho el que hagan ejercicio y lleven una vida poco sedentaria.

- Mejorar la autoestima.
Los juguetes que dan la posibilidad de lograr un objetivo con éxito mejoran y fortalecen la sensación de bienestar y de autoestima del niño. En general, son juguetes que disponen de varios niveles de dificultad que les van poniendo diferentes retos y progresos.

- Practicar la lectura, la escritura y el dibujo.
- Mejorar la cognición.
A esta edad los niños deben ejercitar el razonamiento, la mente, la memoria, la capacidad de reflexión, capacidad de decisión, valoración del peligro

- Reafirmar conceptos temporales.
Deben habituarse a los horarios, calendarios, días de la semana, agendas…etc

- Coger hábitos saludables.
Vestirse y lavarse los dientes solos, colaborar en tareas domésticas. El refuerzo de estos hábitos por medio de los juguetes y juegos facilita mucho su  asimilación.

- Favorecer el aprendizaje y el sentimiento de curiosidad.
- Ser respetuosos con el medioambiente.
Hay juguetes que permiten simular acciones como el aprovechamiento de recursos, el reciclado, el respeto a los animales y a la naturaleza.
Otros juguetes científicos ayuda bastante a comprender y adquirir esta clase de necesidades con nuestro entorno.

- La expresión corporal.
La capacidades de bailar, de hacer mímica, de dramatizares muy intensa en esta época para los niños.

- Ser solidarios, respetuosos y tolerantes con los demás.
Son de gran interés los juguetes de reglas y simbólicos porque permiten desarrollar estas cualidades.


De 9 a12 años:


A esta edad los niños aumentan su capacidad individualista y empiezan a realizar sus propios planes: ven solos la televisión, juegan a la consola, utilizan el ordenador… etc
Pero también les gusta jugar al aire libre con sus amigos con quienes surgen los primeros enfrentamientos, rivalidades, enemistades, reconciliaciones

En esta época predominan los juegos de grupo como el fútbol, baloncesto, la goma, al escondite

Es la época nal de la niñez, la antesala de la adolescencia. La capacidad de comunicarse y de expresar sus sentimientos son una tarea vital para los padres en este periodo. Hay que reafirmar finalmente los hábitos de vida saludables, la tolerancia y  el respeto.
Los juegos con reglas, los videojuegos, las manualidadesson los juguetes más interesantes para esta edad.

Hay que comprar juegos y juguetes que les permitan:

- Expresar sus sentimientos.
La capacidad  de expresarse y comunicarse de manera afectiva cobra un especial significado en esta edad.
Hay juguetes con temáticas como las expresiones afectivas y sentimentales ideales para ello. 

- Ejercitar sus habilidades cognitivas

Estas capacidades es preciso practicarlas en todas las edades, para conservarlas u mejorarlas.

- Mejorar las habilidades motoras.

La práctica de las habilidades motoras ayudan a mejorar sus movimientos Los juegos y juguetes deportivos son los mejores en este sentido.

 - Incrementar la constancia y la superación personal.
Enseñarles a esforzarse para mejorar y ser constantes terminará mejorando su autoestima. Son ideales los juegos de pensar, de construcción, de manualidades…

 - Fomentar la autoestima.
Tienen que aprender a aceptarse a ellos mismos, aunque esto no es fácil a veces. Hay que ayudarles a mantener una actitud respetuosa con ellos mismos. 

- Tener empatía.
Saber ponerse en el lugar del otro permitirá comprender mejor al resto de personas. 

- Mejorar sus habilidades sociales para la resolución de conictos.
Es importante aprender a resolver problemas y conflictos habituales.

- Fomentar la curiosidad y el aprendizaje. 
- Tener hábitos de vida saludables.
Adquirirlos garantizará una mayor calidad de vida a largo plazo. Hay juguetes que recrean cómo hay que alimentarse, que recuerdan que hay que hacer deporte, que hay que realizar las tareas del hogar

- Favorecer actitudes adecuadas sobre su imagen, la moda, su cuerpo
Se tratar de evitar problemas futuros relativos a la anorexia, bulimiaconsolidando conceptos adecuados.

- Estimular la solidaridad, la tolerancia y el respeto.
Hay que enseñarles actitudes tolerantes y respetuosas: no violencia, no racismo, no sexismo

- Practicar deporte y ejercicio físico.
Hay que erradicar en los niños cualquier posibilidad de una vida sedentaria para prevenir la obesidad infantill y garantizarle una vida con calidad y salud.

- Aprender normas básicas de circulación.
Los niños tienen que saber las normas básicas de circulación para poder evitar   posibles accidentes, bien como peatón, bien como ciclista o conductor. 

- Comprender la sexualidad de manera natural.
Antes  de ser adolescentes, es importante que los niños comprendan y estén informados sobre estos temas.

Los mejores juguetes para niños de 9-12 años son:
Juguetes deportivos: raquetas, balones, peonzas
- Bicicletas de 2 ruedas, monopatines, patines…
Juguetes manuales y para modelar
Consolas y videojuegos
Mecanos de metal, construcciones, maquetas.
Juegos de mesa de estrategia y reflexión
- Películas, música, material de dibujo
Coches teledirigidos
Juegos de experimentos
Construcciones complejas

BIBLIOGRAFÍA:
*-* Los juguetes como recurso didáctico”/Cuadernos de Educación y Desarrollo.Vol.1,Nº13.
*-* El juego en la Etapa de E.I. y E.P.”. Irene López Chamorro.
*-* La importancia del juego y los juguetes para el desarrollo integral de los niños de      E.I”.Cristina Pérez Cordero.
*-* Guía del juguete y recomendaciones “. Asociación de fabricantes de Juguetes de España.
*-* U.C.E (UNIÓN DE CONSUMIDORES DE ESPAÑA)