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12 de febrero de 2017

TRES IDIOMAS MEJOR QUE DOS

Con el avance de la sociedad y de un mundo cada día más exigente, los idiomas pueden llegar a ser  una parte fundamental de nuestra vida laboral. No existe entrevista alguna en la que no te pregunten si sabes idiomas o si has viajado al extranjero durante un largo período de tiempo. Los idiomas son una forma eficaz de comunicarnos en cualquier país y, si nos podemos defender en varios idiomas, siempre será mejor que en uno solamente. Por ello, son cada vez más las familias que, conscientes de que vivimos en un mundo globalizado y que no para de crecer, ven en los idiomas una puerta importantísima hacia la comunicación y la tolerancia.
El tema de los idiomas es uno de los más actuales y estudiados por todos, y cada vez se defiende más la postura de que todas las personas deberían hablar su lengua materna, un idioma vecino y un tercer idioma internacional. Para la gran mayoría, el idioma internacional será el inglés. 

El multilingüismo te da acceso al mundo. Los países donde su idioma principal es hablado por relativamente pocas personas, se dieron cuenta de esto hace mucho tiempo. Países como los Países Bajos, Suecia, Noruega, Dinamarca y Finlandia poseen algunas de las tasas más altas de multilingüismo en Europa. Por el contrario, países con un idioma oficial dominante que tienen un gran número de hablantes nativos, no han sido tan proactivos en la promoción del multilingüismo. Gran Bretaña, Francia, Portugal, Italia y España están por debajo del promedio europeo en términos de multilingüismo.


Son muchos los colegios que ya ofrecen bilingüismo en la actualidad pero hoy, vamos a defender la teoría de que tres idiomas son mejor que dos, sin centrarnos en el bilingüismo como tal, ya que ahora mismo este tema está envuelto en una gran polémica sobre si mejora la educación o la frena. Vamos a defender que aprender idiomas de una manera más libre, sin tener mas asignaturas en Inglés, Francés o cualquier otro idioma, que la propia del idioma, es bueno para los niños. Algunas personas pueden pensar que llevar un modelo trilingüe a los sistemas educativos es difícil o que los niños no se adaptarán bien, pero la verdad es que no es así. El oído se acostumbra, los niños asumen que hay mas idiomas y que cada clase tiene su finalidad y, finalmente, estos niños agilizan su lenguaje y se adaptan para salir del colegio hablando sin problemas tres idiomas diferentes. 

Ejemplo de ello es nuestro colegio “Niño Jesús” que, sin ser bilingüe o trilingüe, los niños desde pequeños no solo aprenden tres idiomas diferentes, sino que incluso, aprenden cada día el lenguaje de signos gracias a sus compañeros con discapacidad auditiva que forman parte del alumnado. En nuestro colegio Niño Jesús, valoramos a los niños y su forma de aprender, no creemos en grandes gastos para que un colegio lleve el titulo de “Bilingüe”, si no que lo enseñamos de una manera natural, con profesorado nativo en francés dando clases especificas del idioma y con inglés como otra asignatura más dentro del centro. Los niños así aprenden tres idiomas pero no se enfrentan al reto de tener que dar otras asignaturas en diferentes idiomas, si no que a cada asignatura se le da su importancia y se la respeta como tal.

Muchos padres se hacen la siguiente pregunta: ¿Hasta qué punto es bueno que los niños aprendan un segundo idioma desde pequeños?, a la que rápidamente podemos responder que es una excelente idea, ya que como se suele decir, los niños de pequeños son esponjas que todo lo absorben. Gracias a eso los niños no tienen dificultades al pronunciar ni al aprender los idiomas que les estén enseñando, es más, se les va quedando en su mente, lo van racionalizando y organizando en su cabeza, con lo que además de ir absorbiendo cada palabra y cada pronunciación, estos niños maduran y se sienten más responsables sin darse cuenta, ya que de una manera totalmente intuitiva van:

· Organizando sus pensamientos.

· Diferenciando idiomas, situaciones, profesores y horas de clase.

· Guardando mucha información en sus cabezas sin apenas darse cuenta.

Es muy normal en las aulas de Infantil en las que se imparte tres idiomas ver a niños controlar el español sin problemas y después, hablar en inglés a la profesora de francés y en francés a la de inglés, todo ello siempre viene acompañado de una risa y de una rectificación casi instantánea por parte del niño o niña. Están ordenando sus pensamientos, distinguiendo situaciones, adaptándose. Con el paso de los años, esto desaparece totalmente y da paso a la seguridad y al gusto por los idiomas.

Siempre podemos pensar que a un niño se le puede dar mejor un idioma que otro y que con el tiempo puede perder el gusto por ellos o incluso, abandonar de manera definitiva uno de ellos pero se dice que el futuro es de las personas que hablen tres idiomas y para ello las bases hay que asentarlas desde muy pequeños. Cuidando las bases y sin agobiarles con otras asignaturas en otros idiomas, los niños no solo conocen tres idiomas, si no que además, conocen tres culturas diferentes, ven como son, qué ofrecen, monumentos, formas de vida, personas,… Todo ello contribuye al enriquecimiento del niño, la mayoría coge gusto por viajar, por intentar practicar el idioma en otros lugares y por intentar desenvolverse y ver si es capaz de ello. Con ello, consigue hacerse más tolerante, abierto y ve el mundo de una forma diferente y a los que viven en él.

Cuando salen del colegio es cuando viene la hora decidir qué hacer con los idiomas aprendidos: ¿Les olvidan? ¿Siguen estudiándolos? ¿Escogen solo dos de ellos? Como en todas las decisiones, habrá algunos que vayan por la vía fácil y los olviden pero habrá una gran mayoría (que ya empieza a haberla en la actualidad) que tiendan a seguir formándose y a intentar no olvidarlos, ya que salen del colegio con muchísimo ganado, hablando tres idiomas con bastante fluidez y eso no se olvida fácilmente.


A continuación podéis ver las ventajas y desventajas de aprender dos idiomas o más:

Ventajas de Aprender un Segundo o Tercer Idioma: 

Capacidad de Aprendizaje Disponible: posiblemente casi todos los padres piensan: ¿Cómo va a poder aprender mi hijo otros idiomas si apenas domina su propia lengua nativa?. Como os decíamos antes, esto no os tiene que preocupar. Los niños, sobre todo los más pequeños, tienen la capacidad necesaria para aprender dos o tres idiomas desde edad temprana. 

Es una gran ventaja laboral para el futuro y una ventana abierta llena de posibilidades: ésta, sin duda, será una de las principales ventajas de cómo personas mayores y maduras podemos percibir si un niño crece dominando 2 o 3 idiomas desde pequeño, ya que el futuro que se abre ante nosotros es cada vez más competitivo. Seguramente logrará perfeccionarlos antes de cumplir su mayoría de edad y además, esto le ayudará en sus estudios universitarios a abrir muchas puertas de trabajo e incluso, posibilidades de estudiar en el extranjero. 

Mayor Comunicación y Cultura: estudiar y aprender un segundo o tercer idioma desde pequeños les abrirá nuevas puertas al conocimiento, ya que podrá encontrar y entender la información que podemos encontrar en la actualidad en inglés. Además, toda esta información se les podría pasar por alto a las personas que no dominan el idioma pero un niño que domine el inglés, por ejemplo, adquirirá ese conocimiento de una forma natural, como si se tratara de su lengua nativa, lo que provocará en él que culturalmente se magnifiquen sus conocimientos. 

Desventajas:

Por supuesto lo fácil sería decir que aprender un segundo y tercer idioma solo tiene ventajas pero incluso para un niño que aprende otro idioma, no todo son ventajas. Existen pequeños detalles por los cuales un pequeño porcentaje de los niños puede presentar dificultades: 

Nadie más habla el otro idioma: es importante a la hora de elegir como padres los idiomas que va a estudiar vuestro hijo, que seáis conscientes de cual son vuestras posibilidades y qué rendimiento va a poder sacar. Aprender varios idiomas y que no puedan practicar con nadie alguno o ninguno de ellos, pueden hacer perder la motivación o el interés por aprender los otros idiomas. Podemos plantearnos aquí también que muchos padres se encuentran en la tesitura de no saber ningún otro idioma que el suyo propio nativo y no saber cómo poder ayudar a sus hijos en esos idiomas, pero a día de hoy esto no es problema, ya que podemos encontrar mucha información que nos puede ayudar y respaldar, desde videos, conocer amigos o amigas nativas que nos puedan ayudar, charlas, intercambios...

Conclusiones:
Las ventajas y desventajas de aprender un segundo idioma a temprana edad, son muy diversas pero si en algo estamos todos de acuerdo, es que aprender dos idiomas o más tiene más ventajas que desventajas. Si queremos obsequiarles a nuestros hijos con un futuro brillante, tolerante y multicultural, debemos invertir en los idiomas.

¿Qué tendríamos que hacer para empezar a motivarles? Principalmente y como ingrediente fundamental hay que apoyarle y animarle a seguir adelante.

Por todo ello, si buscas en Valladolid un colegio familiar, donde se enseñen tres idiomas y además, se aprenda lenguaje de signos gracias a la integración de los niños en el aula, económico, donde se enseña con cariño y amor, no dejes de venir a visitarnos en nuestras puertas abiertas los días 6 y 20 de Marzo a las 16:00 horas.

5 de febrero de 2017

EL DEPORTE ESCOLAR

Elegir un deporte a practicar es una tarea ardua y complicada en el caso de que en casa no se practique ningún tipo de actividad física y/o deportiva.


Los beneficios del deporte y la práctica de actividad física están más que demostrados. La mejora física, psíquica y social del ser humano es evidente y favorece el proceso de crecimiento en la etapa infantil. Resulta más interesante para un padre, comprobar que su hijo o hija está implicado en la práctica de una actividad física en la adolescencia y que su grupo de amigos también esté integrado en ese ámbito. El movimiento y la actividad físico-deportiva tienen implícitas una serie de funciones que resultan bastante interesantes. 
  • Función de conocimiento: las actividades motrices hacen que el niño en este caso, tome conciencia de sí mismo. 
  • Función anatómico-funcional: con la práctica de actividades motrices se producen mejoras evidentes en nuestro organismo. 
  • Función estética y expresiva: todas las actividades físicas llevan implícitas estas características. 
  • Función comunicativa y de relación: es claro que requiere una comunicación con los semejantes. 
  • Función higiénica: respecto a la adquisición de hábitos saludables. 
  • Función agonística: ya que el ser humano necesita demostrarse a si mismo lo que vale. 
  • Funciones catártica y hedonista: con la liberación de tensiones. 
  • Función de compensación: importante para evitar el grandioso sedentarismo que nos rodea. 

Los medios de comunicación suelen ser el peor ejemplo de lo que es el deporte saludable. Es difícil erradicar esta idea, ya que los propios adultos nos dejamos llevar por estas tendencias. Si nos fijamos en los ejemplos que promocionan los medios de comunicación nos vamos a llevar un disgusto, ya que, nuestro hijo, muy probablemente, no va a ser como ese ídolo de masas que arrasa en las principales televisiones y medios de comunicación. Lo más factible es que nuestro hijo se lo pase bien, juegue, se divierta y aprenda sobre el deporte que practica. Seguramente de mayor siga practicando ese deporte de forma amateur y le sirva para tener buenos hábitos saludables. Aprenderá a trabajar en equipo, respetando a los demás, tanto compañeros como rivales, aspecto que no se aprende en los libros pero que es fundamental a la hora de trabajar con más gente. 

De vez en cuando, algún niño destaca en el deporte escolar. Cuando esto sucede, en muchas ocasiones, el propio entrenador será quien nos comunique que ese niño puede valer para una práctica más seria a nivel deportivo. Hay que tener mucho cuidado en como gestionar esta realidad. Puede, simplemente, que el niño destaque por un desarrollo madurativo, bien físico o bien intelectual. Puede que realmente sea un futuro deportista excepcional y deberemos fomentarlo y apoyarlo. Hay ocasiones en las que las federaciones de los diferentes deportes tratan de fichar niños que destacan para jugar en las diferentes selecciones. Lo más aconsejable es hablar con el entrenador o coordinador deportivo para que nos informe y nos aconseje como padres. No debemos jugar con las ilusiones de nuestros hijos. 

Lo primero de todo, y aunque parezca evidente, es hablar con el niño y preguntarle. En muchas ocasiones la respuesta que nos dé, será la más conveniente.


¿Qué ofertas existen? Existen multitud de propuestas para niños y para diferentes edades (fútbol, baloncesto, balonmano, judo, zumba, ballet, aerobic, body combat…) Es importante tener en cuenta la edad del niño a la hora de elegir y decidir un deporte o actividad física. En este sentido, existen diferentes tendencias críticas. Una de estas corrientes habla sobre que la especialización temprana no es buena para el niño, y plantean el multideporte como la mejor opción. Es decir, tocar todos los deportes por encima sin centrarse en ninguno en concreto. Probablemente, esta es una de las mejores opciones cuando el niño no tiene ninguna preferencia deportiva. Si el niño tiene muy clara la actividad física que quiere practicar, es bueno que le apoyemos y al mismo tiempo le demos a conocer otro tipo de actividades físicas y deportivas. 

¿Qué puede suceder cuando elegimos un deporte? Pueden ocurrir varias cosas. A groso modo se pueden resumir en 3:
  • Que el niño disfrute del deporte, con lo cual, el objetivo está conseguido.
  • Que no se lo pase bien. Entonces hay que tener cuidado de que el deporte no se convierta en una tortura para el niño, el padre, la madre, el entrenador y el utillero, entre otros.
  • Ni le va, ni le viene. sucede también habitualmente. En muchas ocasiones el niño se considera parte del grupo y eso es muy positivo para él. En este caso, normalmente también se cumple el objetivo.
Por otro lado, ¿Qué es lo que realmente queremos conseguir con que nuestros hijos practiquen una actividad deportiva? La respuesta más rápida y más escuchada es que mi hijo se lo pase bien y disfrute. Pero sería más correcto que tuviese uno hábitos y rutinas que le sirvan para la vida cotidiana. El deporte requiere un compromiso, una disciplina, requiere orden y organización, trabajo en equipo (en el caso de los deportes colectivos), sacrificio, colaboración, respeto hacia los que le rodean y hacia los materiales e instalaciones… Todos estos valores son muy importantes y fundamentales para la vida.

¿Deporte individual o colectivo? Ambas opciones son válidas, cada niño debe encontrar el deporte que más le conviene y el que más le guste. Este debe ser duradero en el tiempo, ya que, si nuestra intención es que el niño practique un deporte o actividad física en su vida, nada mejor que aquel que sea duradero en el tiempo, es decir, que le cree hábitos y ruinas, y por supuesto bienestar personal.


Los deportes individuales favorecen el autocontrol y la disciplina normalmente, ya que exigen un alto grado de destreza con las habilidades propias de ese deporte. Por otro lado, si el niño no tiene preferencia por ningún deporte, es recomendable uno colectivo, puesto que el factor social y desenvolverse en grupos de amigos a estas edades es muy importante.

¿Cómo practicar un deporte?

Lo primero de todo no tiene que ver con la indumentaria, ni con el calentamiento, ni nada de eso. Lo más importante es el compromiso. Todo lo demás es secundario. Sin esta premisa, cualquier objetivo que nos planteemos no llegará a buen puerto. El compromiso suele estar asociado a los hábitos y las rutinas y este aspecto puede llegar a consolidar un hábito de vida saludable que perdurará en el tiempo. En el caso de los niños generará autodisciplina y autocontrol, que favorecerá su autoestima y su integración social. Los padres tienen que ser partícipes en este aspecto. Cada vez más los niños no acuden a los entrenamientos con excusas como, tengo que ir al centro comercial a comprar…, he quedado para hacer un trabajo…, tengo que pasarme el nivel del juego de la consola…, tengo mañana un examen… 

¿Tienes mañana un examen y vas a estudiarlo hoy? ¿En la hora del entrenamiento? ¿No has tenido tiempo antes? Estas situaciones cada vez son más comunes. ¿Qué clase de compromiso tiene el niño? No es nada positivo, ni para el niño, ni para los padres (sobre todo si es consentida esta actitud) ni para el entrenador, que pierde toda la confianza en el compromiso del niño y de los padres.

Cuando a un niño, que le gusta un deporte, le animamos y le enseñamos que esto requiere un compromiso relacionado con la organización de su tiempo libre, tenemos conseguidos muchos objetivos deportivos y también sociales. Le estamos enseñando a ser ordenado, a tener hábitos de higiene, a programarse, a ser responsable, a ser educado, etc.


¿Cómo debe ser la actitud de los padres? Evidentemente estos tienen la última palabra y deciden sobre el niño y lo que más le conviene. En ningún caso el padre debe influir en ninguna decisión deportiva y mucho menos verbalizar cualquier opinión delante del niño. Nuestras decisiones deben ir encaminadas a reforzar las decisiones del entrenador y como mucho instruir a nuestro hijo para que sea educado y tenga un comportamiento excepcional. Para nuestros hijos, el entrenador es ese ídolo, esa persona carismática, que sabe todo sobre ese deporte. Dentro del campo de juego es más importante que los propios padres y debemos ser conscientes de ello. No debemos dar instrucciones sobre como jugar ya que seguramente el entrenador lleve tiempo planificando la formación deportiva de los niños.

A modo de conclusión, el deporte es uno de los elementos más importantes en la vida de nuestros hijos. Crea hábitos y rutinas, fomenta el autocontrol y la autoestima, favorece el desarrollo físico y psíquico de los niños y mejora las relaciones sociales. Pero una cosa está clara, no debemos forzar al niño a que practique el deporte que nosotros queramos, no le tenemos que amargar su tiempo de ocio. Tener el objetivo claro con la práctica deportiva, encontrar los profesionales que tengan nuestra misma idea del deporte en edad escolar y acertar con el deporte más apropiado para nuestro hijo, son las claves del éxito en esta búsqueda.

15 de enero de 2017

PACIENCIA, ATENCIÓN Y GOMINOLAS


Este experimento, llevado a cabo en la Universidad de Stanford en los años sesenta, era en apariencia bastante simple: sentaban a un niño frente a una gominola tentadora y se le explicaban unas reglas muy sencillas. Podía comerse la chuchería en el acto o, si esperaba a que regresara el investigador resistiendo el impulso de devorarla, le darían dos en lugar de una. También tenían la opción de tocar una campanilla, y el adulto regresaría en el acto permitiéndole comer la gominola. Una solamente, no las dos prometidas si conseguía esperar.



Este tipo de experimentos –centrados en el estudio de la demora de la gratificación- se han repetido desde entonces en diversos centros y países y, además de divertidos vídeos que muestran la lucha interna de las criaturas frente a la dulce tentación, ofrecen interesantes reflexiones posteriores.

La mayoría de los niños del experiemento de Stanford no resistían la espera: algunos se zampaban el dulce en cuestión de segundos; otros conseguían aguardar una media de dos a tres minutos, o terminaban por tocar la campanilla en un breve lapso de tiempo; solamente un treinta por ciento conseguía resistir hasta que el investigador regresaba (unos quince minutos después). Se peleaban con el deseo de la golosina, pero conseguían aguantar.

La curiosa reflexión vino con el tiempo: Walter Mischel, el profesor de psicología que había llevado a cabo los experimentos – con más de seiscientos cincuenta niños, incluidas sus tres hijas- estableció, de forma casual, una correlación entre los resultados académicos posteriores y el tiempo de espera frente a la chuche. Con los niños ya convertidos en estudiantes de secundaria, estudió los datos de una serie de tests y encuestas que volvió a realizarles y los resultados fueron bastante claros: el grupo de los “impacientes” presentaba más problemas de conducta, tanto en casa como en el instituto, peores notas, relaciones sociales más dificultosas, más problemas de atención y una gestión del stress deficiente frente al grupo de los niños/as “pacientes”.


Lo que Mischel y su equipo quisieron destacar con los resultados de sus estudios es el error de colocar la inteligencia como elemento diferenciador del posible “éxito” académico/vital –cosa que se ha hecho durante años- y remarcar que el intelecto está sometido al autocontrol y depende en gran medida de él. La habilidad fundamental para salir exitoso de la prueba de resistencia a la gratificación es una adecuada “colocación” de la atención. En lugar de obsesionarse con la gominola, los niños/as pacientes se intentaban distraer de ella canturreando canciones, tapándose los ojos, etc. Las ganas de comerse la chuche seguían presentes, pero intentaban despistarlas. “Si te pones a pensar en la gominola y en lo rica que va a estar, al final te la comes. El truco reside en evitar pensar en ella” remarca Mischel.

Y ¿cómo mejorar esa estrategia de demora? Porque el experimento no tendría mucha utilidad si no se pudieran extraer de él algunas enseñanzas, tengas cuatro años o cuarenta. Mischel descubrió unos sencillos trucos mentales para ayudar a los niños a resistir; simplemente el ejercicio mental de imaginar que la gominola es en realidad un dibujo ayudaba a pasar de treinta segundos de espera a los quince minutos oficiales. Una vez que nos damos cuenta de que la fuerza de voluntad depende de que aprendamos a controlar nuestra atención y pensamientos, podemos empezar a trabajar con ella y a mejorarla.


El problema es que estos pequeños atajos mentales tienen una utilidad corta si no se convierten en hábitos: un truco momentáneo lo haces en cinco minutos pero instaurar un hábito llevas meses o incluso años; Mischel insiste en la importancia del papel de los padres y madres en esa consecución estableciendo rutinas que animen y recompensen la espera y la paciencia. De acuerdo a sus recomendaciones, los rituales más típicos y tópicos de la infancia tales como no picotear antes de las comidas, intentar ahorrar algo de la propina, esperar en la mesa a que todo el mundo termine (o a que todo el mundo esté sentado antes de empezar a comer), etc son buenos ejercicios de entrenamiento cognitivo.  Así, nos enseñamos a nosotros mismos a pensar para ser algo más espabilados que nuestros deseos más inmediatos.

Para Mischel, el experimento de las chuches es un buen indicador de la fuerza de voluntad porque nos enfrenta a nuestros impulsos; en otras palabras, si puedes aprender a controlarlos, “podrás hacer los deberes aunque en realidad lo que te apetezca sea ver la televisión, o ahorrar algo de dinero para la jubilación. No todo tiene que ver con las gominolas”

27 de noviembre de 2016

ADVIENTO, TIEMPO DE EDUCAR EN LA ESPERA

Se acerca la Navidad. Tanto y tan rápido que parece que ya está aquí.


Pero la celebración auténtica de la Navidad va precedida de un tiempo valioso y rico en enseñanzas, tanto religiosas como humanas, que tendemos a olvidar. Nos perdemos la oportunidad de crecer en algunos Valores que nuestra enfermiza sociedad de lo inmediato, la prisa y la satisfacción impulsiva de deseos poco profundos parece sepultar entre luces, adornos y reclamos promocionales.

El Adviento es un espacio totalmente opuesto al frenesí del consumo y al ruido de los anuncios, es un espacio que nos abre a la interioridad más profunda, nos pone en contacto con nuestros anhelos verdaderos, busca dar sentido a lo que celebramos, y nos permite prepararnos para vivir con intensidad celebraciones que sin este tiempo se podrían volver rutinarias y vacías.

Para nuestros niños y niñas, el Adviento bien vivido puede ser altamente educativo:

Nos ayuda a situar en su contexto el acontecimiento de la Navidad: el Adviento hace eco a la larga espera del pueblo de Israel, tan necesitado de la llegada de un Mesías, después de años y años de tribulaciones y dificultades. Nos pone en contacto con generaciones y generaciones de hombres y mujeres que, como nosotros, buscaban vivir tiempos mejores. Nos ayuda a entender esa sed que tienen hoy también tantos Hermanos de una Liberación, de una Salvación, en medio de situaciones dolorosas e injustas. La primera acción de la Virgen María en Adviento es la de correr a ayudar a su prima Isabel. También para los niños/as el Adviento ha de ser tiempo de abrir los ojos al mundo y ejercer la Solidaridad.



Pone el tiempo en perspectiva: hacer un calendario de Adviento, contar los días, encender cada domingo una vela más en la corona es una forma de representar el paso del tiempo que puede ayudar a los más pequeños a situarse y a educarse en la espera: ¡No todas las cosas llegan cuando y como yo quiero! Contar la historia y las desavenencias de María y José puede enseñar a acoger con paciencia los contratiempos y contrariedades. Aprender a demorar recompensas, aguantar el turno de palabra, respetar mi lugar en la fila, esperar a que el profesor/a me pueda ayudar o a que Papá o Mamá me puedan atender son parte de las actitudes fundamentales que permiten enfrentarse a las pequeñas frustraciones del día a día.






Nos enseña a vivir enfocados a una meta: ¡La Navidad se prepara y mucho! Muchas de las metas que verdaderamente importan requieren esfuerzos constantes, perseverancia, preparación. Montar el Belén, adornar el árbol, ensayar villancicos y bailes o cocinar platos especiales son tareas alegres que pueden ser ocasión de subrayar que lo auténticamente valioso e importante no sale fácil, hace falta orden, trabajo, repetición, organización, voluntad. Así se preparan también las competiciones deportivas, los exámenes, los conciertos… Subrayar estos aspectos y valorar los procesos puede ayudar a los niños y niñas a darse cuenta de la importancia de un esfuerzo sostenido en el tiempo para alcanzar cualquier meta.



Nos recuerda el regalo y el misterio que es la Vida desde sus inicios: el Adviento puede ser buen momento para recordar a nuestros hijos/as cómo les hemos esperado y deseado, cómo nos hemos preparado para su llegada, cómo les hemos querido antes siquiera de poder abrazarlos. Es tiempo de reconocer su unicidad y su valor infinito. Lo más preciado, la Vida, la Familia es gratuito. Lo más valioso no se puede comprar. Es tiempo de acoger y agradecerlo como un Don. Es tiempo de crecer en el Amor mutuo.


Nos educa en el silencio, en la admiración, en la Esperanza: la protagonista del Adviento es sin duda la Virgen María ¡y lo único que sabemos es que meditaba todas esas cosas en su corazón! A través de gestos sencillos, de una oración compartida, de una imagen, de una vela, de una canción, podemos ayudar a los niños y niñas a conectar con su interioridad, a mirar, a apreciar y agradecer el silencio, un silencio cargado de Vida.


En definitiva, el Adviento es un momento único para educar y crecer en actitudes fundamentales muy poco presentes en el mundo de hoy. ¡Ojalá lo sepamos aprovechar!

¡Feliz Adviento!

Algunos recursos de Adviento:

Para prepararnos bien:

Para los “digitales”:

Para aprender a esperar:

Para los manitas:

Para los cantarines:

Para los más contemplativos:

De todo un poco:

16 de noviembre de 2016

COMUNICACIÓN EN FAMILIA

"Es imposible no comunicar"
(Watzlavick)



Cachorro humano

Los seres humanos comenzamos a comunicarnos desde el momento en que asomamos al mundo. 

La primera comunicación es a través del llanto, del tacto y el olfato, del movimiento. A través del contacto físico recibimos cariño y seguridad, recibimos la calma en momentos de intranquilidad, recibimos y trasmitimos nuestros estados emocionales.

La mirada y la sonrisa serán otras de las dos grandes conquistas comunicativas. Establecer contacto visual favorece el desarrollo cognitivo y afectivo. 

La capacidad de imitación será durante los primeros años una valiosa ayuda para el desarrollo general y en especial del lenguaje y la comunicación. Alrededor de los 12 meses comienza sus primeras palabras, tendrá unas 20 palabras a los 18 meses y alcanzarán entre 1000-1500 en el periodo comprendido entre los dos y los tres años.

La comunicación y el desarrollo del lenguaje van creciendo con el bebé de forma veloz. La comunicación no verbal nos acompañará toda la vida.

Dudas razonables

La magia de la comunicación ha comenzado. A partir de aquí:

¿Estamos los adultos preparados para la favorecer la comunicación?

¿Qué importancia tiene la comunicación no verbal?

¿Cómo podemos favorecer la comunicación con nuestros hijos e hijas?

¿Es lo mismo comunicación y lenguaje?

¿Qué debiera hacer/o evitar en la comunicación en familia?


¿Estamos los adultos preparados para favorecer la comunicación?


Es necesario tomar conciencia del valor socializador de la familia. Es el primer grupo social en el que van a moverse. De ahí la importancia de generar modelos y pautas adecuadas.

La familia es el entorno en el que experimentan los valores y los hacen suyos.

El ambiente y el clima emocional son claves para que se comuniquen

Si pretendemos que expresen y comprendan sentimientos propios y ajenos de forma adecuada se ha de procurar un clima de seguridad en el que se sepan escuchados, cuidando la proximidad, los abrazos, las expresiones de cariño. Los sentimientos negativos también deben emerger, sin ser juzgados. Los niños y niñas deben poder expresar tristeza, ira, frustración, miedo. Habremos de canalizar y favorecer “cómo” ha de expresarse pero no inhibir o censurar su expresión. Nuestra actitud en estas situaciones habrá de ser consoladora y empática.

¿Te identificas con alguna de estas expresiones?

“Los mayores no se enfadan”

“Los niños no lloran”

“Los que lloran no tienen amigos” 

“¡Cómo vas a tener miedo a eso! ¡Es una bobada!”

Desde nuestra posición adultocentrista, tendemos a descalificar, minimizar o ningunear las expresiones consideradas negativas de nuestras hijas e hijos, quizás porque nos incomodan.

Hemos de dejar espacio para el crecimiento personal a través de la escucha activa.

Comunicarse desde la afectividad implica aceptar sus sentimientos y permitir que los expresen, que los comuniquen.

Desde nuestra posición adulta, debemos dejar espacio para que comuniquen sus intereses, preocupaciones, experiencias, sensaciones.

Debemos hacerles saber que lo que comunican es importante para nosotros.

Debemos dejar espacio y tiempo para la comunicación con nuestros hijos e hijas.

Si queremos que se comuniquen con respeto, empatía, sinceridad… debemos practicar esa forma de comunicación.

Somos además, su modelo comunicativo. 


  • ¿Qué importancia tiene la comunicación no verbal?

Desde que Mehrabian formulase su conocida regla del 7%, 38%, 55% en que adjudicaba estos porcentajes, respectivamente, al impacto de las palabras, del tono –modulación-voz, y lenguaje corporal en la comunicación, todavía no hay un acuerdo sobre la importancia del lenguaje no verbal. Lo que sí hay es un consenso en cuanto a que la importancia de la comunicación no verbal es superior a la de la comunicación verbal, en términos generales.

Los elementos no verbales de la comunicación: gestualidad, expresión facial, tono, cadencia, modulación, uso de la mirada, intencionalidad comunicativa, postura y un largo etcétera trasmiten más que nuestras palabras y de una manera más impactante.

  • ¿Cómo cuidar entonces la comunicación no verbal?

Acércate y ponte a su altura siempre que sea posible. Mírale durante la comunicación.

Cuida tu expresión facial y corporal, que se ajuste a lo que quieres trasmitir, que sea cercana y afectivamente cálida.

Evita hablar atendiendo a otros estímulos (televisión, móvil, otras personas). Cuando te estás comunicando con tu hija/hijo, recuerda: ese espacio y ese tiempo es suyo.

  • ¿Es lo mismo comunicación y lenguaje?

Podemos hablar sin comunicarnos y comunicarnos sin hablar.

Cuando permaneces mirando al televisor mientras le dices: “¿Ya has acabado de leer el capítulo?”, en realidad lo que estás comunicando es “Me importa bien poco lo que estás haciendo, dime sólo si has acabado o no?” Si enfocas tu postura corporal, le miras a los ojos y realizas la misma pregunta, estás comunicando: “¿Cuéntame cómo va tu capítulo? Debe ser muy interesante.”

Recuerda siempre que el objetivo es la comunicación.

  • ¿Qué debiera hacer/o evitar en la comunicación en familia? ¿Cómo podemos favorecer la comunicación con nuestros hijos e hijas? 












Son vuestros hijos e hijas, quienes os van a dar algunas respuestas, y esperamos que también algunas preguntas. En este vídeo realizado en el Colegio, nos dan ellos ya unas cuantas pistas de reflexión:



No obstante, nos vamos a permitir un decálogo de la comunicación que nos ayudará.
  • Escúchame, mírame.
  • Respeta mi turno, no hables por mí. Pregúntame si quieres aclarar algo. 
  • Explícame las cosas, no des por hecho que no las entenderé. No me sermonees. Dame argumentos desde la afectividad. 
  • Vamos a crear espacios para comunicar en familia. La hora de la comida es un momento idóneo. ¡Cuidado: La televisión y los móviles no son un miembro de la familia!... Fuera de la mesa.
  • Comunícame tus experiencias, pensamientos, sentimientos. Así me ayudarás también a expresar los míos.
  • No me insultes, descalifiques ni etiquetes cuando te cuento algo que no te gusta. Eso hará que la próxima ocasión no lo haga.
  • Hazme saber que lo que digo te interesa,
  • Recuerda que la comunicación más eficaz se da en un ambiente de respeto y de silencio. Creemos espacios de complicidad comunicativa.
  • Disfruta de la comunicación conmigo.

Os dejamos este enlace. Es un pequeño libro para practicar comunicación:

4 de noviembre de 2016

HIJOS PERFECTOS O HIJOS FELICES


La mayoría de los padres quieren que sus hijos sean los mejores en algo para tener éxito en la vida, pero algunos lo llevan al extremo. Existen padres que pretenden que sus niños sean perfectos, como robots que han sido programados para hacer y decir lo que ellos quieren y desean en cada determinado momento. Pretenden que los niños no den problemas, que se porten bien en todo momento, que se lo coman todo, que obedezcan a la primera, que ni se les ocurra quejarse, que hagan la tarea solos…, y no nos olvidemos de que tienen que ser estudiantes de A y “número uno” en las actividades extraescolares. ¡Imagínate! con el dineral que cuestan. ¡Pues vaya que tienen que ser perfectos! Parece que los padres en ocasiones, quisieran cumplir sus sueños a través de sus hijos. 

En los casos en que los padres exigen tanto lo pasan mal ellos y los niños. Los padres, porque marcan expectativas con sus hijos que quizás nunca se cumplan y eso les causa una decepción que no es justa para los hijos. Estos padres no han llegado a entender que los niños llegarán a ser lo que puedan o lo que quieran ser. En el caso de los niños, se les exige un nivel tan alto que en ocasiones se les hace imposible alcanzarlo debido a que no tienen la capacidad o la inquietud para lograrlo. Lo triste en este dilema es que los niños crecen frustrados por no saber qué hacer para contentar a sus padres y lo que ellos no saben es que hagan lo que hagan nunca será suficiente para sus padres, ya que el problema no son ellos, sino ¡los padres!

Presionar a los hijos para que sean los “mejores” les afecta negativamente. Pero todavía es peor compararles con otros niños que son mejores en alguna actividad. Las comparaciones son antipáticas e injustas, ya que cada uno destaca en lo que destaca. La comparación es un reproche sutil que envía a los hijos un mensaje de: “tú no eres suficiente” y seguro que no lo es, al menos no para sus padres.

Nos podemos preguntar si es mejor un feliz con notas aceptables, que un niño brillante que siempre esté rivalizando y no sea capaz de saborear el éxito ni esté satisfecho de lo conseguido con su esfuerzo. Tampoco parece saludable que los compañeros de clase no sean vistos como compañeros de aventura y amigos, sino como rivales o adversarios. Creemos que detrás de muchos de estos sentimientos y actitudes, están unos padres extremadamente exigentes con sus hijos, padres que, con quizás buenas intenciones, intentan potenciar habilidades de sus hijos, pero que exigen de ellos una perfección imposible. ¡Nadie es esta vida puede experimentar únicamente éxitos! Tenemos que preparar a nuestros hijos también para el fracaso y para la superación de algún contratiempo con una actitud positiva y valiente.


Nuestros hijos deberían conocer el valor del esfuerzo y de la alegría, sin atender únicamente a los resultados obtenidos (no siempre la persona con más capacidades intelectuales es la que mejor se maneja por la vida). El árbol más maravilloso, no siempre produce frutos buenos. La poda de las ramas, el abono, la lluvia son condiciones imprescindibles para recoger un buen fruto, nosotros debemos saber proporcionar a nuestros hijos estos cuidados y saborear juntos los frutos del esfuerzo.

No debemos presionar a los niños exigiéndoles continuos éxitos, tratando con vergüenza los fracasos o haciendo constantes comparativas. Si nos ponemos a buscar, siempre encontraremos a alguien más alto, más guapo y más listo. Mirémonos al espejo y midamos con el mismo rasero que a nosotros a nuestros hijos. Potenciemos la autoestima de nuestros hijos, recompensando su esfuerzo, valorando su trabajo, estimulando sus ganas de aprender, ayudándoles en sus frustraciones y caminando con ellos con comprensión y cariño. Nuestro hijo debe saber que para nosotros él siempre es el mejor.

Os proponemos ocho puntos esenciales para criar a un niño feliz:

1. Aprende a leer las emociones de tus hijos.

2. Diviértete con él.

3. Ayúdale a perfeccionar sus talentos.

4. Cultiva hábitos saludables en tus hijos.

5. Deja que trate de resolver sus problemas.

6. Permítele que esté triste o enojado.

7. Enséñale a pensar en los demás.

8. Sé un modelo para él.

Si crees que eres un padre que le exige demasiado a sus hijos, ponte en contacto contigo mismo y pregúntate: ¿Por qué les exijo tanto? ¿Por qué les presiono a que sean los “número uno”? ¿Qué gano con el éxito de mi hijo? ¿Qué carencias estoy cubriendo con el éxito de mi hijo?.

Es importante aprender y dejar que los hijos sean los protagonistas de sus vidas. Tú ya fuiste niño, ¡ahora le toca serlo a él! Pregúntate si quieres… ¿un niño perfecto o…, un niño feliz?

Bibliografía:
Patro Gabaldón
Esther Esteban

23 de septiembre de 2016

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